25 de septiembre, 2020

Puras de Villafranca, el hayedo encantado

Enrique del Rivero

Enrique del Rivero 25 de septiembre, 2020 · 4 minutos

El otoño burgalés comienza poco a poco a vestirse con sus mejores galas. Uno de los lugares donde nos vamos a llenar con toda su belleza es esta dehesa de hayas localizada en los Montes de Oca. Una cómoda e inolvidable ruta de senderismo


El valor de la dehesa de Puras de Villafranca viene dado por ser una de las pocas formaciones forestales de este tipo compuestas únicamente por hayas. Desde luego es la más extensa y la que mayores y más maduros ejemplares conserva de toda la provincia burgalesa. El mérito ecológico de este singular enclave botánico se ve incrementado por la presencia de un buen número de especies animales raras y valiosas.

Entre la Sierra de la Demanda y los Montes de Oca

La dehesa de Puras de Villafranca está enclavada justo en el límite donde confluyen y se solapan los relieves que caracterizan la Sierra de la Demanda y los Montes de Oca. El terreno aparece formado por un potente substrato de pudingas oligocenas procedentes del intenso desmantelamiento erosivo que sufrieron las altas cumbres de la sierra durante la Era Terciaria. Al ganar altura se hacen visibles las rañas del Mioceno de los Montes de Oca. Las hayas han encontrado en estas últimas formaciones de naturaleza arcillosa el substrato ideal para desarrollarse. Otro factor que ha favorecido el espectacular crecimiento de los hayedos en los Montes de Oca ha sido la nítida orientación al noreste de la mayoría de sus valles.

Una dehesa única

Las dehesas han sido una de las formas tradicionales de aprovechamiento forestal más utilizadas en España. Sobre todo, se adehesaron bosques mediterráneos de encina, pero también, en las regiones norteñas y de montaña, rebollares y fresnedas. Lo menos frecuente, y de ahí el valor testimonial de la dehesa de Puras de Villafranca, es el adehesamiento de hayedos. Como en el resto de este tipo de bosques huecos, en Puras de Villafranca se aclaró la masa arbórea, dejando unos pocos ejemplares que, debido a la falta de competencia, alcanzaron un porte y una edad verdaderamente considerables. Los espacios libres eran y son utilizados para el pasto del ganado y la madera sobrante de las podas se convertía en leña o en carbón vegetal.

Esplendor otoñal

El sector mejor conservado de este valioso hayedo vegeta en los barrancos que forman la cabecera del arroyo del Río. Bajo los 1.117 metros de Cuesta Grande y en los términos de Balloca y Langruña crecen algunos árboles que se acercan a los treinta metros de altura y a los dos de diámetro. Estos auténticos monumentos naturales merecen todo tipo de protección, ya que, además de su elevado valor botánico, son el refugio ideal para un gran número de animales. Las especies más importantes asociadas a estas hayas maduras, repletas de potenciales refugios, son el agateador norteño, el carbonero palustre y el lirón gris, que tienen en la zona su límite meridional de distribución a nivel europeo. También se pueden localizar varios ejemplares de halcón abejero, azor y gavilán, entre las rapaces forestales, y corzo, jabalí, tejón, garduña, zorro, gato montés y marta, entre los mamíferos.

Un cómoda y apasionante ruta

Hay que salir de Puras de Villafranca por el señalizado camino que enfila hacia las antiguas minas de manganeso y la cueva de Fuentemolinos (ambas serán objeto de sus correspondientes entradas). Tras recorrer un poco más de un kilometro y medio y al poco de pasar por una pequeña instalación ganadera, hay que desviarse por el camino que se localiza a la izquierda. Después de una corta subida se alcanzan los primeros ejemplares de haya, algunos muy llamativos por su porte y su longevidad, que anuncian la proximidad del corazón de la dehesa.
La ruta continúa por el bosque hasta llegar a la altura del primer camino que se localiza a la derecha y que es el que hay que tomar para regresar de nuevo al punto de partida. Los más entusiastas pueden continuar unos pocos kilómetros más por esta zona elevada, desde la que se divisan las cumbres de la Sierra de la Demanda y los sucesivos vallejos cubiertos de grandes hayas. La ruta tiene unos ocho kilómetros y se puede realizar sin prisas en cinco horas. Hay que llevar botas de montaña, ropa adecuada a las condiciones meteorológicas, algo de comida y agua. También son recomendables unos bastones de senderismo para evitar resbalones y tropiezos y unos prismáticos para intentar descubrir la abundante fauna que habita la zona.

Cómo llegar

La carretera de Logroño, N-120, permite llegar desde Burgos hasta Belorado. Allí hay que tomar la carretera local que enfila hacia Pradoluengo. Tras recorrer unos cinco kilómetros se localiza la desviación que conduce hasta Puras de Villafranca. Para llegar hasta su dehesa hay que tomar el camino que se dirige hacia las recuperadas Minas de Manganeso y la Cueva de Fuentemolinos.